Ecuador: Los agricultores de Tungurahua logran nuevos mercados con papas ancestrales
A más de 3.200 metros sobre el nivel del mar, se dedican al cultivo y procesamiento de tubérculos nativos. De esta manera, no solo preservan estas tradiciones agrícolas, sino que también aseguran el sustento de sus familias.
El nuevo día comienza en los páramos de Pilahuín, Ambato, provincia de Tungurahua. A más de 3.200 metros sobre el nivel del mar, el frío es intenso y cala en la piel, pero no hay barrera que detenga a Crisanto Quilligana. Este agricultor dedica su jornada al cuidado de la tierra con un objetivo que trasciende la simple cosecha: rescatar las papas nativas, aquellas que durante generaciones han nutrido a las familias andinas.
En la comunidad de Lindero, las parcelas de cultivo albergan variedades de papa reconocidas por sus vibrantes tonalidades rojizas, moradas y rosadas. Estas especies estuvieron al borde del olvido debido al avance de cultivos comerciales y el abandono de prácticas tradicionales. Para Crisanto, cada semilla recuperada es más que un alimento; es un fragmento de la memoria agrícola y cultural de los pueblos indígenas de Tungurahua.
Hace cuatro años, junto a otros agricultores de los cantones Quero, Tisaleo, Cevallos y Ambato, Crisanto se unió a Agropapa, una organización comprometida con la revalorización de estos cultivos ancestrales. Más allá de volver a plantarlos, el verdadero desafío era garantizar un sustento digno para las familias campesinas.
Según Luis Montesdeoca, coordinador de Agropapa: la papa nativa no es solo un alimento; es identidad. Recuperarla significa preservar la herencia de los antepasados mientras se forjan nuevas posibilidades para las generaciones futuras.
Uno de los pilares del proyecto recae en darle valor agregado al producto. Las papas nativas se transforman en chips artesanales bajo la marca YapuChips, cuyo nombre, "arando la tierra", simboliza la conexión con sus raíces. Cada bolsa representa el fruto de un esfuerzo colectivo que inicia con la preparación del suelo y culmina en los mercados.
La asociación ha priorizado métodos sostenibles para garantizar tanto la calidad del producto como la salud del suelo. Utilizan parcelas en descanso y limitan al máximo los insumos químicos. Según Montesdeoca, producir una hectárea requiere una inversión aproximada de 4.000 dólares y hasta 120 jornales durante el ciclo agrícola, pero el sistema permite a los socios trabajar con precios asegurados dentro de la asociación, protegiéndolos contra las fluctuaciones del mercado.
En 2022, el proyecto dio un paso crucial con la inauguración de una pequeña planta de procesamiento en la parroquia Montalvo, Ambato. En este espacio, las papas son cuidadosamente seleccionadas, lavadas, cortadas, fritas y empacadas. Para María Punina, trabajadora en la planta, el proceso conserva su esencia artesanal y familiar, lo que otorga singularidad al producto final.
Actualmente, siete personas trabajan permanentemente en la planta de YapuChips y otras cuatro colaboran a medio tiempo. Mensualmente procesan más de 2.500 fundas que llegan a consumidores en provincias como Tungurahua, Chimborazo, Pichincha y Azuay, ofreciendo no solo un snack saludable sino también una conexión con sus raíces culturales.
Fuente: extra.ec




