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Europa 05/02/2020

España: Patatas sin trampa ni cartón

El único productor de Terra Chá que vende producción certificada dice que la calidad debe ser valorada por el consumidor

Pablo Pillado cosecha patatas por tradición y por vocación. En su casa -es natural de la parroquia de Bazar (Castro de Rei)- era habitual el cultivo, como lo era también en la de su su mujer. Tiene una explotación de ganado vacuno de carne en la parroquia de Oleiros (Vilalba), y dispone de terreno que le permite mantener ese perfil agrario, combinando unas facetas que eran muy habituales en el medio rural hace décadas.

Pero también es un caso singular, ya que se trata del único productor de la comarca chairega, de abundante superficie dedicada a este tubérculo en décadas pasadas, que actualmente vende con producción certificada por la Indicación Xeográfica Protexida Pataca de Galicia. La superficie que le dedicó en la pasada campaña a la patata fue de la quinta parte de una hectárea (2.000 metros cuadrados), una cifra que puede variar según los años.

Que la extensión no sea muy grande tiene unas explicaciones muy claras, como él se encarga de aclarar: «Bótase pouco porque non hai a quen vender, e o prezo non axuda moito». La patata con producción certificada por la IXP , de variedad kennebec, se paga un poco más que la otra (unos 0,30 céntimos el kilo), aunque este productor recalca que en el mercado no hay conciencia de que esta producción está avalada por una alta calidad, un valor que él sí subraya: «Calidade, moita», destaca.

«Hai xente -dice- que pensa máis no prezo ca na calidade». Opina que es un criterio equivocado, ya que patatas como las que él cultiva u otras sometidas al mismo proceso no reciben ningún herbicida. «A xente non se fixa niso, pero debera fixarse», sostiene. La fertilidad de la tierra está más que demostrada, pues de 2.000 metros cuadrados -unos cuatro ferrados, usando como referencia una tradicional medida de superficie- logró el año pasado una cosecha de 10.000 kilos.

De todos modos, el rendimiento del terreno no se consigue sin esfuerzo, ya que la patata exige una dedicicación que no precisan otros productos. «Hai que botalas, hai que apañalas, hai que termar delas...», dice. Sin embargo, el trabajo requerido cada cosecha no lo anima a abandonar sino todo lo contrario. Cuenta con terreno suficiente, por lo que no descarta aumentar la superficie de cultivo en próximas campañas, si bien admite que el mejor estímulo para incrementar la extensión sería conseguir un precio algo mayor que el habitual.

El rendimiento económico supone una ayuda, aunque no es, en su caso, la única fuente de ingresos. Pero si los consumidores que compran estas patatas deben comprender que pagan más por un producto de indudable calidad, él también aprecia ese detalle en su vida cotidiana: una parte de la cosecha, la que aún queda en casa tras haber vendido la mayoría, se destina a consumo doméstico. Así la calidad, por supuesto, también queda en casa.

Fuente: www.lavozdegalicia.es


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