España: La patata enfrenta un desafío crucial en la campaña de 2026.
La temporada de 2025 transcurrió en un mercado europeo saturado, con precios cayendo a niveles históricamente bajos y un exceso de producción proveniente de los países del norte.
La situación actual del cultivo de la patata evidencia la necesidad urgente de implementar medidas efectivas en el mercado europeo para estabilizar tanto este sector como a todos los actores implicados. Sin una regulación más estricta sobre las importaciones y un reconocimiento real del valor añadido de la producción local, los agricultores españoles y europeos seguirán enfrentándose a una competencia desleal favorecida por las normativas vigentes en la Unión Europea, según lo señala el portal especializado en el sector patatadesiembra.es.
El mercado se encuentra en un punto crítico debido a factores como la saturación, la presión derivada de las importaciones y el trato desigual en materia regulatoria, todo lo cual amenaza seriamente la viabilidad de la patata producida en Europa. Se trata de un producto que, idealmente, debería representar un estándar de calidad y seguridad alimentaria en la región.
Un mercado en crisis
La campaña de 2025 en Europa se ha desarrollado bajo el peso de un mercado colapsado. Los precios han alcanzado mínimos históricos, mientras los países del norte, como Alemania, Bélgica, Francia y los Países Bajos, acumulan excedentes de producción.
El aumento de la superficie cultivada y la falta de contratos ajustados a largo plazo han dado paso a un clima de incertidumbre para los productores europeos. En consecuencia, estos se ven obligados a competir con precios cada vez más reducidos.
A nivel global, el exceso de cosechas europeas ha producido un desplome en los precios, lo que permite a los importadores evitar compromisos estables con los productores locales. Esta sobreoferta, junto con una presión constante por parte de las importaciones extracomunitarias y un marco regulatorio desigual, sume al mercado europeo de la patata en una crisis cuyas repercusiones son graves, según sostienen fuentes del sector.
El caso español
España no es ajena a esta difícil coyuntura. Lo que sucede a nivel europeo también tiene su reflejo a nivel nacional, agravado por factores adicionales como condiciones meteorológicas adversas, el descenso en el consumo interno y la presión creciente de las importaciones.
En respuesta a estos desafíos, muchas empresas españolas han invertido en tecnología y mejoras en el empaquetado. Sin embargo, estas acciones han resultado insuficientes para que la patata nacional compita eficazmente frente a productos importados que llegan al mercado a precios más bajos. Esta situación desfavorable también dificulta el relevo generacional, incrementando año tras año el desánimo entre los nuevos potenciales agricultores ante las perspectivas pesimistas del mercado.
La competencia desigual de las importaciones extracomunitarias
El desequilibrio en el mercado se ve acentuado por la entrada masiva de patatas procedentes de países fuera de la Unión Europea, como Egipto, Israel y Marruecos. Dichas importaciones ofrecen precios considerablemente más bajos, lo que desplaza a la producción nacional y hace que su venta sea casi inviable. En muchos casos, el producto local ni siquiera llega a recolectarse debido a la saturación del mercado.
Además del impacto económico directo, surge el problema de la competencia desleal. Los productores de países extracomunitarios no están obligados a cumplir con los rigurosos estándares impuestos en Europa en términos de regulación y seguridad alimentaria. Esto genera una desventaja evidente para la patata
Fuente: revistacampo.es




