España (Ibiza): Las precipitaciones han provocado un retraso significativo en la cosecha de patatas, disminuyendo su producción en un 80%.
La tierra está tan húmeda que la maquinaria no puede entrar en el campo
No está el campo en estos momentos como para entrar en él con un tractor. Tanta lluvia, tanta borrasca seguida, lo ha convertido en un terreno impracticable, especialmente para cosechar patatas. Los agricultores sonríen ante la actual meteorología, propicia para rellenar los resecos acuíferos y para garantizar así la temporada, pero admiten que tantas precipitaciones son un incordio para extraer el tubérculo del terreno, para lo cual solo pueden optar en estos momentos por el procedimiento de toda la vida: sacarla a mano o con ganchos, que es como volver al pasado.
Si ven pocas patatas ibicencas en el mercado, esta es la razón: los payeses aguardan a que pare este río de borrascas y el viento seque algo la tierra para extraer la que queda e iniciar la nueva siembra: "Las lluvias están provocando retrasos porque no se puede entrar con la maquinaria. Retrasos tanto en la cosecha como en la siembra, que se están solapando", explica Toni Tur, Secorrat, presidente de la Cooperativa Agrícola de Sant Antoni. Desde noviembre recogen la patata que sembraron en agosto o septiembre, mientras que ahora toca sembrar la de primavera, la que se recogerá en mayo o junio, especifica Tur: "Pero aún hay margen para sembrar. Por lo menos, y según los dichos, hasta el 15 de marzo, por Sant Josep, es buen tiempo de siembra".
Eso sí, los primeros efectos ya se notan en los almacenes de la cooperativa Agroeivissa. Su gerente, Sheila Gor, calcula que les está llegando un 80% menos de patatas que otros años por estas fechas: "No hay suficiente para abastecer al mercado. Tengo a tres productores con la patata lista para arrancar que no pueden meterse en el campo con la maquinaria". Y extraerla a mano es muy costoso, en todos los sentidos: "Lo que con el tractor y la arrancadora hacen dos personas en una mañana, con los ganchos se necesita a cinco personas y día y medio". Es el tiempo empleado en recoger los tres palets que hay en su almacén.
Ese retraso, asegura por su parte Toni Tur, es un mal menor: "Son molestias que asumimos. Lo importante ahora es que se llenen los acuíferos. Nos tenemos que adaptar. Preferimos que llueva para garantizar la temporada. En dos semanas cambiará el tiempo", pronostica. Suele acertar.
En la zona de Sant Antoni, el acuífero está al 70%, apunta: "Es el que mejor está". Los demás rondan el 50%: "Lo normal sería que estuvieran en el 60%" para asegurar un buen abastecimiento.
"Cierre por liquidación"
¿Cree, como dice, por ejemplo, el presidente de la cooperativa Agroeivissa, Iván Colomar, que con estas lluvias se garantiza el suministro de agua para dos o tres años? "Yo no me emocionaría», comenta, más que nada para evitar que "se despilfarre, pues entonces no habría agua ni para un verano". "No tenemos que olvidar de dónde venimos, del problema que hemos tenido, del episodio de extrema sequía que hemos pasado. El sector está en situación de cierre por liquidación, hasta el punto de que muchos agricultores pensaron el pasado año en abandonar el campo, reducir sus cosechas e incluso en irse a la Península". Aun así, reconoce que en estos momentos tienen caudal asegurado "al menos para estar tranquilos este año y el siguiente [2027]".
En cuanto a esa patata que sigue oculta bajo la tierra húmeda a la espera de que el viento reseque el terreno, Tur asegura que aguantará todavía un tiempo: "Se mantiene gracias a la baja temperatura del suelo. Es como si estuviera dentro de una cámara frigorífica: a oscuras y a siete grados".
Iván Colomar, en efecto, está contento con estas precipitaciones: "Asegura la cosecha para muchos años. A corto y medio plazo da mucha tranquilidad para los próximos dos o tres años", afirma.
Costoso y lento
El terreno se está empapando y eso, destaca, beneficia a los frutales y a los cereales y forraje: "Es perfecto, agua bendita". "La contrapartida» es lo que ocurre con la patata: "No es tan bueno para ella y si siguiera lloviendo, se podría perder. Es imposible en estos momentos su extracción mecánica», dado que el terreno, al ser arcilloso, se pone impracticable: "Si entra la máquina, se compacta y no se puede trabajar. Se queda como el cemento. Un desastre". La alternativa es dura: "Sacarla a mano, como se hacía toda la vida, con ganchos. Pero es más costoso y lento». Costoso físicamente, claro. De ahí que "la gente está esperando a que se seque para entrar en el campo". Aún hay tiempo, asegura, aunque ese retraso, advierte, supone que "no se abastezca suficientemente de patatas al mercado".
No obstante, la campaña de este tubérculo más importante para el agricultor ibicenco no es la de invierno, la actual, sino la de primavera, cuando produce mucho más y más barata: "Es la más rentable. Sacas más kilos por menos trabajo", afirma Colomar.
Fuente: diariodeibiza.es




