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Europa 26/07/2026

España (Tenerife): "Nos estamos quedando sin semillas de papa"

Los agricultores de Tenerife se reúnen en la XII Muestra Gastronómica de la Papa Bonita en Los Realejos, donde comparten estrategias y debaten sobre los desafíos que enfrenta este cultivo tradicional a causa del cambio climático.

Es verano, pero el norte de Tenerife parece no haberse dado cuenta. Los municipios del Valle han permanecido casi todo el año bajo el espeso manto gris de la "panza de burro". Hoy no es la excepción, ya que una nube se ha asentado sobre la montaña de Tigaiga, envolviendo a Los Realejos en una atmósfera más otoñal que veraniega. Aunque no llueve hoy, quienes han visitado este municipio en los últimos meses saben que es porque el cielo se ha cansado de hacerlo. Las precipitaciones de la primavera han sido intensas y frecuentes. En una de las zonas más emblemáticas del cultivo de papa bonita, el agua ha sido el enemigo de los agricultores que esperaban recuperar su cosecha en enero.

Aunque dicen que la lluvia es buena para las papas, no lo es tanto para las pequeñas y sonrosadas variedades antiguas. Por segundo año consecutivo, la cosecha de estos deliciosos tubérculos ha sido casi completamente destruida debido a lluvias intensas y fuera de temporada, cada vez más frecuentes por el cambio climático. Esto es especialmente preocupante en Icod del Alto, hogar de variedades singulares como el Ojo de Perdiz y la Azucena Negra.

La XII Muestra Gastronómica de la Papa Bonita celebra hoy en la plaza San Agustín de Los Realejos intenta evitar un escenario desastroso. El evento, amenizado con un concurso de cocina y una cata de vinos, destaca no solo el rico sabor y las propiedades de las 13 variedades de papa bonita cultivadas desde 1622, sino también su valor cultural en Canarias.

En tarros se exhiben papas grandes, chicas y para arrugar, captando la atención de quienes pasean por la calle Alhóndiga para tomar café o desayunar. Esta exhibición está organizada por la Asociación de Cosecheros La Papa Bonita, dedicada a rescatar y promover este cultivo a pesar del cambio climático.

Anatolio Luis, presidente de la asociación, describe la situación con resignación: "La cosecha ha ido muy mal, ha llovido mucho y muchas papas se han podrido", explica. El problema va más allá de las pocas papas cosechadas; después de dos años de producción limitada, "casi no hay semillas". Este año, Luis admite que tendrá que comprarlas.

"Normalmente distribuimos semillas; el año pasado las dimos a algunos agricultores para cultivarlas", explica Luis. Este año no hay suficientes, incluso para los clientes fieles que buscan en la muestra su proveedor habitual. "Quería hacer una reserva para el próximo año, ¿no tienes?", pregunta un amigo. Luis, con humor, responde que él mismo debe comprar. La situación es casi límite.

La amenaza para la papa antigua es grave. Su pérdida significaría el fin de más de cuatro siglos de tradición. Las primeras papas se plantaron en Canarias en Icod del Alto, Los Realejos, en 1622.

Origen desde Perú

Procedentes de Perú, y por alguna razón del destino, lograron prosperar en las Islas. Para Luis, la clave radicaba en la niebla. Se adaptaron bien a Icod del Alto, ya que el clima se asemeja al de Perú, con esa neblina constante, menciona Luis, quien recuerda que las papas bonitas son de secano, pero agradecen cierta humedad.

Las papas antiguas llegaron a Canarias mucho antes que las variedades chinegua o autodate. Hasta entonces, se consumían castañas, y con su sabor, las papas lograron reemplazarlas en casi todos los platos, explica Luis. De hecho, la relación entre los frutos secos y este tubérculo sigue presente hoy en muchas variedades, cuyo sabor evoca el gusto mantecoso, dulce y terroso de las precursoras culinarias de la papa.

Lo más desafiante de mantener viva esta tradición es la laboriosidad que implica. Plantamos las papas en enero y no podemos cosechar hasta junio, detalla el agricultor, quien critica la inmediatez en la que se ha sumido la sociedad. La gente lo quiere todo rápido y esta es una papa que requiere paciencia; cocinar un potaje a fuego lento siempre resulta más sabroso. Sin embargo, la complejidad en el cultivo de la papa antigua no se detiene ahí.

Seis meses de arduo trabajo

Durante esos seis meses, el esfuerzo no se centra tanto en el riego –que rara vez forma parte de los planes de estos agricultores–, sino en asegurarse de que las papas estén siempre correctamente cubiertas y hacerlo manualmente. Hay un momento en el que las ramas crecen tanto que hay que volver a cubrirlas con tierra, pero no puedes hacerlo con el tractor porque debes ir doblando las ramas y echando tierra de un lado para evitar que se pongan verdes.

Todo este conocimiento, adquirido a lo largo de décadas por los agricultores más experimentados, se está perdiendo poco a poco. Ellos tenían todo estudiado, desde el calendario lunar hasta la técnica de cultivo, menciona el presidente de la asociación, asegurando que encuentros como este también sirven para compartir nuevas estrategias de cultivo más efectivas. Con el cambio climático, la lluvia y el calor son extremos, comenta Luis, señalando los bruscos cambios climáticos como el factor que afecta la viabilidad de los cultivos.

Fuente: eldia.es


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