Argentina: Producir y comercializar papas le cuesta 10.000 dólares por hectárea a un productor bonaerense
En 2025, los productores tuvieron sobrestock por falta de ventas locales y también porque Brasil, el principal importador, cambió el mercado argentino por el europeo, para abaratar costos. Hoy, existe un leve repunte, pero solo para cubrir gastos.
Por Juan Manuel Meza
La producción de papa bonaerense atraviesa un momento de equilibrio inestable, con costos que superan los 10.000 dólares por hectárea y precios que, en la práctica, solo alcanzan para cubrir lo producido. El cuadro se da en un contexto de ajuste económico que impacta sobre el consumo interno y sobre las condiciones de producción y exportación. La combinación deja a los productores sin margen y con dificultades para llevar adelante el día a día de un producto que es considerado como el “más barato” de los tubérculos. “Se tiró mucha papa el año pasado. Tuvimos que arar hectáreas”, recordó Sergio Costantino, director de Argenpapa, productor y docente de la cátedra Cultivo de Papa de la Facultad de Ciencias Agrarias de Balcarce. La sobreoferta también se explicó por el desvío de papa destinada a la industria hacia el mercado fresco, ante la caída de las exportaciones.El dato central es la relación entre costos y precios. Según estimaciones del sector, el costo real de producir papa en el sudeste bonaerense se ubica hoy entre 10.000 y 12.000 dólares por hectárea. Esa cifra incluye no solo los gastos de siembra e insumos, sino también la comercialización y los fletes, que representan uno de los rubros más importantes. “Los gastos de comercialización, que llevan el costo a más de 10.000 dólares”, señaló Sergio Costantino y añadió que “un buen año para el productor es tener ese un margen de rentabilidad de 20 al 25 por ciento”.
El precio que recibe el productor está por debajo de ese umbral. Hoy, una bolsa de papa se comercializa en torno a los 8.000 o 9.000 pesos en el Mercado Central. Traducido a valores por kilo, eso representa entre 25 y 26 centavos de dólar. El número queda lejos del costo estimado, que ronda los 36 centavos por kilo.
La comparación histórica refuerza el diagnóstico. En los últimos diez años, el precio promedio fue de 34 centavos por kilo, con picos de 52 centavos en 2023 y un piso de 15 centavos en 2025. Ese recorrido muestra la volatilidad del mercado y explica parte de la dinámica productiva.
“Si lo cotejás con el promedio histórico, estamos casi a la par del costo con lo que recibimos en el mercado”, explicó Constantino. El problema es que el precio actual está por debajo de ese promedio. “En este momento está recibiendo 26 centavos”, agregó.
El resultado es un escenario donde el productor “sale con lo justo o inclusive perdiendo”. La situación no es homogénea. Existen diferencias según escala y tipo de producción. En la provincia hay entre 200 y 250 productores, con explotaciones que van desde 30 hasta 3.000 hectáreas. La inversión requerida condiciona las decisiones: sembrar 1.000 hectáreas implica destinar cerca de 10 millones de dólares.
La campaña actual muestra un comportamiento más cercano a la media histórica. Se sembraron entre 30.000 y 34.000 hectáreas, luego de un 2025 marcado por la sobreproducción. Ese año se alcanzaron unas 38.000 hectáreas, con rendimientos superiores, lo que generó un exceso de oferta y una caída abrupta de precios.
El mercado actual reproduce parte de esa lógica. La cosecha se concentra entre marzo y abril, lo que incrementa la oferta y presiona los precios a la baja. En ese período, los productores venden para cubrir costos y financiar la próxima siembra.
El consumo interno se mantiene estable. Cada habitante consume entre 45 y 50 kilos de papa al año. Esa demanda no crece, incluso cuando los precios bajan. “La gente no come más”, sintetizó Costantino. La estabilidad del consumo limita la capacidad de absorber aumentos de producción.
El ajuste económico agrega presión sobre ese esquema. La caída del poder adquisitivo reduce la circulación de dinero y afecta las ventas. “Todo ajuste nos está perjudicando”, afirmó el especialista. La papa queda expuesta a esa dinámica.
En paralelo, los costos continúan en alza. El combustible, los fletes y los insumos registran incrementos sostenidos. La incertidumbre sobre precios de fertilizantes y la dependencia de insumos importados complejizan la planificación productiva.
La situación es aún más delicada para los pequeños y medianos productores. El acceso al crédito es limitado y no existen líneas de financiamiento accesibles. “El productor no tiene acceso a créditos con tasas blandas”, advirtió Costantino. Esa restricción impacta directamente en la capacidad de sostener la actividad.
El factor Brasil
En el segmento industrial, el escenario depende de factores externos. El 80 por ciento de la producción se exporta a Brasil. La falta de competitividad cambiaria afecta esa colocación. El ingreso de papa desde Europa al mercado brasileño durante el último año desplazó a la producción argentina.
“Con este valor del dólar no pudimos competir”, explicó. Esa situación generó un excedente que terminó en el mercado interno, profundizando la sobreoferta. El riesgo de que se repita ese esquema sigue latente.
La concentración productiva en Buenos Aires amplifica estos efectos. La provincia aporta el 55 por ciento de la producción nacional y, en determinados meses, hasta el 90 por ciento de la oferta. Cualquier variación en el sudeste bonaerense impacta directamente en los precios a nivel país.
La estructura productiva también condiciona la capacidad de reacción. La mayoría de los productores alquila la tierra y debe rotar los cultivos cada cuatro años. Eso implica planificar con anticipación y reduce la posibilidad de ajustar la superficie sembrada ante cambios en el mercado.
“Lo primero que hace es pagar el arrendamiento”, señaló Costantino. Esa rigidez explica por qué la superficie no se reduce de manera inmediata ante escenarios adversos.
Las perspectivas para el sector dependen de la evolución de estos factores. Si el mercado industrial logra recomponerse y se normalizan las exportaciones, podría haber un margen mínimo de rentabilidad. En caso contrario, el escenario seguirá marcado por resultados ajustados o negativos. “La situación actual es de incertidumbre”, resumió Costantino. El dato sintetiza un momento en el que los productores continúan sembrando, pero sin garantías de recuperar la inversión.
Fuente: pagina12.com.ar/2026/03/30/producir-y-comercializar-papa-a-un-productor-bonaerense-le-cuesta-mas-de-10-mil-dolares/




